LOS FANTASMAS DE PAITA

 





¿Qué sucedió entre Manuela Sáenz y Simón Rodríguez en su rencuentro en el puerto ballenero de Paita, Perú, 13 años después de la muerte del Libertador Simón Bolívar...? 

No hay documentos confiables al respecto. 
Quizá la clave para aproximarnos al hecho histórico desde el corazón humano... sea la ficción. 




YANKO DURÁN

LOS FANTASMAS DE PAITA



(Esta novela consiguió MENCIÓN ESPECIAL
en el II Certamen Internacional de Novela Corta
GIRALDA, en Sevilla, España, en junio de 2012)
 
 
 
 
A manera de Prólogo:

No vuela un pájaro con una sola ala. Tampoco hay fábula sin moraleja (Esopo dixit).
Así, la Historia (ese instrumento tan diabólicamente versátil) no debe circunscribirse a la mera anécdota, pero tampoco prescindir de ella.
Sobre “La Coronela” Manuela Sáenz no se ha escrito ni analizado ni estudiado lo suficiente, lo merecido. Pocas personas conocen que a principios de 1822 (meses antes de conocer a Bolívar) Manuela Sáenz y su grande amiga Rosita Campuzano fueron condecoradas con la medalla “Caballeresas de la Orden del Sol” por el Protector del Perú, general José de San Martín, gracias a la desinteresada contribución a la liberación y creación de aquella nación de las dos bellas mujeres.
Ciertamente, se ha pretendido opacar (por diversas motivaciones, cada una más peregrina que la otra) la figura bravía de la defensora de la libertad individual y colectiva de mujeres y hombres en su Quito natal. Se ha querido disminuir su estatura in­mensa como soldado temerario, amante fogosa, compañera íntegra, centinela sagaz, patriota apasionada, enamorada perspicacísima y guardiana tenaz de la gloria de su venerado general Bolívar.
Manuela Sáenz tuvo la suerte de conocer al hombre de su vida (luego de haber sido víctima de un matrimonio por conveniencia arreglado por su padre con el viejo médico y comerciante inglés James Thorne (le llevaba 26 años), al parecer para salvar el honor de la inquieta muchacha, que se había escapado con un joven amante del convento donde el padre severo la tenía recluida), y tuvo asimismo el coraje (extraordinario en su época y circunstancia cardinal) de atesorar ese descubrimiento y defender su amor contra toda corriente, y poseyó también (hay que decirlo) la falta de escrúpulos necesaria para quererse más a sí misma que a la mojigatería de su tiempo.
Sin embargo, no es éste un estudio sobre la vida de Manuela Sáenz. Es un relato ficcional (aunque verosímil) sobre el hecho verídico de la visita que realizara Simón Rodríguez a la ecuatoriana tenaz y vertical, en una fecha no bien determinada, pero que parece ser el año de 1843 (concretamente, el 1 de febrero, según unos “Diarios Perdidos” de Manuela Sáenz publicados por Carlos Álvarez Saá en el Ecuador en 1995).
¿De qué hablaron “la forastera” y “el loco” (como apodaban a una en Bogotá y al otro en Chuquisaca) trece años después de la muerte del Libertador-Presidente de la Gran Colombia?
No hay documentos históricos confiables al respecto. Nosotros quisimos tomar la visita de Róbinson a su amiga para, desde la insobornable nostalgia-memoria de Manuela Sáenz, revivir la terrible jornada de la noche septembrina, episodio cimero en el ciclo vital de la “amable loca”, como gustaba nombrarla su amado. 



LOS FANTASMAS DE PAITA
 

“Yo amé al Libertador; muerto, lo venero,
y por esto estoy desterrada por Santander.”

(Manuela Sáenz, en carta dirigida al
Presidente del Ecuador, general Juan
José Flores, desde Kingston, Jamaica,
en 1834, antes de ir a refugiarse en Paita
por recomendación de un médico amigo
que le prescribió baños de arena de mar.)



I: EL RENCUENTRO


Las naves que viajaban de Panamá al Callao por el Pacífico solían descargar en el puerto peruano de Paita, en Piura, las mercancías perecederas, las cuales irían luego por tierra a Lima.
“La villa de Paita era una calle larga con ranchos de caña a uno y otro lado habitados mayormente por indios y mestizos”, coincidían las antiguas crónicas.
Como el portezuelo le debía su incuria, se vengaba con los olores de todos los mares que se le juntaban en los anocheceres borrascosos. Siguiendo un ciclo irregular (pero rencoroso), una brisa áspera, acuchillante, soplaba obstinadamente desde las olas y arrastraba el acre olor a fétido matadero que habitaba el aire de la bahía y que nacía en los barcos balleneros adormilados sobre las aguas, entre el desafinado chillar de la nube de gaviotas, sucias de espuma.
Una niebla oscura, arisca, sopló desde el peñascoso sendero que iniciaba la entrada al villorrio esa fría tarde de comienzos de febrero de 1843 como zahiriendo a un hombre algo obeso y medio patizambo que se dirigió con agilidad hacia una de las chozas, luego de detenerse un momento a indagar algo en una que hacía esquina en la frontera entre pueblo y mar.
Vestía gastada levita color lava y capa de paño negro; usaba un roído sombrero de cogollo (por debajo del cual se veía su largo cabello cenizo) y encima de éste unos espejuelos gruesos. Traía en bandolera un viejo saco de viaje hecho de cocuiza. Andaría en los setenta y pico de años, pero se le percibía vital y entero, a pesar de que se ayudaba en su andar con un bastón de puño de nácar.
Se detuvo delante de la ulcerada puerta de latón de una vivienda de exterior miserable y golpeó tres veces.
Adentro se oyeron ladridos y gruñidos y rumor de toses humanas y casi enseguida una negra vieja y gorda abrió la hoja de metal y le interrogó con los ojos y él detalló (por hábito de vida) la pobre vestimenta, el pañuelo floreado anudado en la cabeza, las manos huérfanas de joyas.
–¿Quién es...? –retumbó desde el interior una voz de mujer. El alboroto de los muchos canes era ensordecedor.
La criada, al reconocerlo, abrió mucho las enormes pupilas avellana y puso sobre sus labios el dedo índice mientras la perezosa voz reclamó otra vez desde allá:
–Jonathás, ¿quién es...?

ÁLBUM 1




Con Carlos Rodrǵuez, Rafucho el Maracucho





Omar Martínez, Yanko Durán, Danilo Muñoz, Moncho Martínez





Guillermo "Fantástico" González y Yanko Durán 





Yanko Durán y Rudy Rodríguez





Yanko Durán, Carlos Subero, Jorge Félix





Yanko Durán, ..., Oscar Mendoza, Manuel Escolano, Luis Colmenares





Yanko Durán maquillado por Luisa Marcano (Venevisión)





"Morenito de Maracay", Yanko Durán, Guillermo González





Grupo "Espectáculo" Lluvia





Yanko Durán recitando





Con mi grande amiga Denys Hernández "la Malandra Elízabet"
 
 



Con "el Charrito de Oro" en una cervecería





Recibiendo el Tiuna de Oro





Con mi hermanazo Carlos Donoso, y Kini y Lalo





Con Guillermito y parte del elenco de La Rochela: 
Emilio Lovera, Nora Suárez y Nené Quintana





Con un muy jovencito Winston Vallenilla, 
el fotográfo y paisano Pepe, y Luis López Puente, 
una de las mejores voces de la radio y la tv. 



Con Almenar Otero, una de las modelos 
del programa, y Luis Silva




ÁLBUM 2

El Meridiano de Oro





Yanko Durán, Pedro Espinosa y María Conchita Alonso 
en la comedia teatral "Cuidado con el de los Cuernos"




Con el gran actor hispano Pedro Espinosa
 
 
 
 
 
 
Otra escena de "Cuidado con el de los Cuernos"
 
 
 
 
 
 
 Con los Mariachis del programa




Con mis panas "el Gato" Pedro Soto y Nelson Paredes





Con "Morenito de Maracay" y Guillermo González







Con otro pana, Rubén "Ponciano" Martínez







Celebración en "CRECER CON PAPÁ"
 
 
 
 
 
 
 
Una SEMI-FINAL  de "¿Cuánto Vale el Show?"





Programa de "Cuidado con el de los Cuernos"







Obra teatral  "El Arrepentimiento" (1970)






Obra teatral "El Brindis del Bohemio" (1971)







Gran Jurado de una semi-final de "Cuánto Vale el Show"
 
 
 
 
 
 
 
El Meridiano de Oro 
 
 





En la entrega del Meridiano de Oro en el Poliedro de Caracas 






Constancia de recital en un Club de la Móvil en Anaco en 1971







 
 
 
 
 

 
 
 Equipo del Show de Fantástico (Televén, 1987)

Rayaduras en la pared



VIVIR no es, en sí, un propósito... 
sino una manera de conseguirlo.



             En el vehículo que TE transporta 
            por la vida..., 
            el mejor conductor eres tú.